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Especialmente atípico

No sabíamos muy bien en qué punto nos encontrábamos. Las expectativas eran más bien bajas para los meses venideros, prácticamente nulas. Inmersos en una pandemia mundial, dejando atrás un encierro de alrededor de mes y medio, las cabezas dando tumbos y con una gestión del país dividida en fases hasta llegar a la nueva normalidad. El transcurso de los días habían sido más bien lentos, hasta que una mañana de principios de mayo pudimos tocar el asfalto de las calles convertidas en pistas de atletismo, y unos pocos afortunados acariciamos el mar con la punta de los dedos.   Y llegó la estación del año más trasnochadora, la de las resacas y la cerveza fría. La del salitre en el cuerpo. La de Turnedo de fondo. Pero, ¿Y ahora qué? A dónde fueron a parar el 90% de los planes que definen el verano. Las fiestas de “prao” de las que tanto presumimos en el norte. Las noches en Cañadio rodeados de más madrileños y vallisoletanos que locales. Los viajes de costa en costa por la geografía españ...

El mundo paró a coger aire

Y de repente el mundo pasó de ir como un Ferrari a doscientos por hora, a tomarse un tiempo de descanso. De la noche a la mañana nos vimos sumergidos en una burbuja con forma de pandemia mundial, que nos sonaba igual que su punto de partida, a chino. El planeta nos dio un aviso, necesitaba descansar. El consumismo estaba dejando de lado otros factores, que, si no llega a ser por este parón, no nos hubiésemos sentado a reflexionar. La forma de vivir en el siglo XXI es tan avanzada como egoísta. Ni siquiera nos habíamos parado a pensar lo vulnerable que es el ser humano y la similitud entre todos nosotros. Una simple bacteria no conoce de razas, ni de sexo, ni de religión, incluso ni de colores políticos. La sociedad tan materialista nos había hecho ser incapaces de valorar lo que nos rodea, las pequeñas cosas. El insomnio de cuarentena nos ha despertado sentimientos, recuerdos que quizás antes no nos quitaban el sueño. Un abrazo, un beso, un gesto de cariño es algo tan sencillo qu...

la mejor etapa de mi vida

Oficialmente periodista 🎓 No sé ni como empezar ni como asimilar que todo esto se ha acabado. Las circunstancias me dejaron hace cuatro años en esta ciudad, de la que había oído hablar poco y de la que tenía muy pocas expectativas. A día de hoy puedo decir que fue de las mejores decisiones que he podido tomar en mi vida. He reído, he llorado, he disfrutado y he sufrido también, pero sobre todo he crecido como persona. Gracias a todos y cada uno de los que habéis formado parte de mi vida durante esta etapa, tanto fuera como dentro de la carrera. Me habéis hecho muy feliz y ojalá poder meter en todas estas fotos a todos y cada uno de vosotros. He cumplido uno de mis sueños, ser periodista, y he encontrado una familia en este rincón de Castilla. Se acabó la mejor etapa de nuestra vida. A seguir creciendo. Gracias ❤️ Valladolid siempre serás mi segunda casa. CRECER ES APRENDER A DESPEDIRSE

Salir de lo cotidiano

A veces cuando te dicen que crecer es aprender a despedirse significa superar retos, subir peldaños, dejar atrás tu casa, tu gente, básicamente tu lugar. A veces cuando ya has ascendido varios escalones quieres más y más. La ambición se apodera de ti. Viajar es experiencia y conocer otros países te enriquece como persona. Hace dos años exactamente me subí a un avión desorientada rumbo a Polonia. Lo que en el aeropuerto parecía un error, se convirtió, de lejos, en el mejor año de mi vida. Un año después cogía un vuelo desde Mallorca hacia Madrid, y parece que este día está destinado a transcurrir de aeropuerto en aeropuerto. Dos años después, prácticamente a la misma hora, empieza una nueva aventura. Atrás dejo todo, Santander y mi hogar, Valladolid y mis cuatro años de carrera que han llegado a su fin... atrás dejo tanto, que no tengo ni idea lo que me espera a partir de ahora, solo se que va a convertirse en aprendizaje. Una hora menos, un Brexit en camino, y coches en direcci...

Łódź

ERASMUS| Ponemos en pausa el reloj. Misma hora, 365 días antes, misma situación. Frente a la puerta de embarque de un aeropuerto, pero esta vez camino a Madrid. Pero la sensación no es la misma que hace un año cuando tenía medio pie en España y el otro medio en lo que iba a ser mi casa durante 9 meses, Polonia.  A estas horas estaba un poco nerviosa, no sabía lo que me iba a encontrar, pero lo que sí sabía es que lo cogía en el momento perfecto, con más ganas que nunca. Nervios, ilusión, incertidumbre por qué me deparaba en ese país tan poco conocido.  Y parece mentira que ahora esté aquí, esperando un avión que no es ese.  Aunque ahora recordando todo, parece que fue un sueño, que la ficción supera la realidad y que todo esto no pudo suceder. Que encontré un lugar dónde supe qué era la felicidad plena. Encontré una ciudad que me recibió con los brazos abiertos y de donde no quería haberme escapado nunca. Formamos una nueva generación, una familia que perman...

Uno siempre vuelve al lugar dónde fue feliz

ŁÓDŹ|  No te das cuenta, y cuando eres consciente de ello estas en el vuelo en dirección inversa. Comienzas a entender muchas cosas, esos textos que lees antes de irte con ese sentimiento que se refleja tras la tinta del papel o la tecla del ordenador. Empiezas a asimilar que lo real vuelve, que 9 meses después, la vida continua, que todo sigue igual. La dependienta del supermercado sigue siendo la misma y la distribución de tu cuarto no ha variado. Lo único que ha cambiado eres tú mismo. La persona que va en el avión de ida no es la misma que la que coge el avión de vuelta. Y lloramos mirando a las nubes tras la ventanilla, lloramos por lo que dejamos atrás, por todos y cada uno de los días que hemos pasado que han sido una superación personal. Tenemos sentimientos confundidos, inmersos en todas y cada una de las experiencias que hemos vivido. Hay veces que cuesta expresar todo, que faltan palabras para describir cómo lo hemos pasado y qué hemos sentido. No es fácil, per...

Siempre nos quedará París

PARÍS| Siempre dicen eso de que lo bueno se deja para el final, y es verdad. Cuando tienes un camino largo, nunca sabes cómo ni con quien vas a acabar, lo que sí está claro es que lo harás con quién tu estés dispuesto a hacerlo. Y es que hay vuelos que merecen mucho la pena. Hay veces que hasta tú mismo no sabes en qué punto te encuentras, solo sabes que estás bien, que sonríes, que eres feliz. Nunca supe cómo iba a acabar la historia, solo sabía cómo quería que fuese. Hay momentos buenos, otros no tan buenos; hay veces que tienes un pensamiento, y rápidamente, por nada en concreto y por todo en general, cambias de idea. Y es así. Pones una balanza, y siempre vence un lado. Nueve meses, 34 semanas y muchas historias de por medio me han llevado hasta París, hasta la ciudad de las luces, y aunque no ponga eso en los libros turísticos, también del amor. Esta aventura llamada Erasmus se acaba, pero empieza otra nueva. Y qué mejor para finalizar esto que París. Con más fuerza y ga...