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Querido 2020...

  Loco 2020. Año de aprender a galopar con lo imprescindible. De quitarle piedras a nuestra mochila y quedarnos solo con lo fundamental. Final de una década y comienzo de nuevos propósitos. 2020 prometía portarse bien, pero resulto ser un meme andante. En ninguna cabeza pasaba la idea de todo lo que se nos venía encima. Nunca. Cuántas veces habremos escuchado eso de: ¡Quién nos lo iba a decir el año pasado! Sin embargo este final de década también nos trajo un nuevo estilo de vida. A veces necesitamos reinventarnos, progresar para ser algo mejores. Y aquí llegó el momento. 2020, por suerte me has quitado poco, no tengo queja, todos a mi alrededor sigue estable, algunos cambios, pero nada a lo que haya que darle mayor importancia de la que tiene. Eso sí, me has quitado algo de tiempo. Tiempo que a la vez me lo has devuelto en forma de familia y amigos. Tiempo que he podido emplear a mí misma como nunca antes. 2020 me has cerrado puertas pero a la vez me has abierto otr...

Segunda oleada de emociones

Hemos llegado al punto en el que lo caótico se ha transformado en lo cotidiano. Hace ocho meses un confinamiento era algo que pertenecía a otro mundo y a una era de la que nosotros no habíamos formado parte. A día de hoy, volver a cerrar las puertas de casa no supone un disparate. Al revés. Tan solo un pequeño trastorno psicológico y económico, pero justo en el momento que pensábamos que todo ya había pasado de largo.   Nunca se fue, siempre estuvo ahí, pero le dimos la espalda. El casi desconocido término de cuarentena ha pasado a ser el día a día. Las distancias vuelven a incrementarse. Las oportunidades, las ilusiones se desvanecen de un día para otro. La segunda ola está aquí, más contundente que nunca. Y es en ese momento cuando lo acariciamos en primera persona, cuando ya no es un simple boca a boca o unas cifras en el telediario. Ahora sí que s í ya es algo palpable y real.  Los encuentros navideños cada vez un paso más lejos. Por primera vez diciembre no nos devolverá ...

Especialmente atípico

No sabíamos muy bien en qué punto nos encontrábamos. Las expectativas eran más bien bajas para los meses venideros, prácticamente nulas. Inmersos en una pandemia mundial, dejando atrás un encierro de alrededor de mes y medio, las cabezas dando tumbos y con una gestión del país dividida en fases hasta llegar a la nueva normalidad. El transcurso de los días habían sido más bien lentos, hasta que una mañana de principios de mayo pudimos tocar el asfalto de las calles convertidas en pistas de atletismo, y unos pocos afortunados acariciamos el mar con la punta de los dedos.   Y llegó la estación del año más trasnochadora, la de las resacas y la cerveza fría. La del salitre en el cuerpo. La de Turnedo de fondo. Pero, ¿Y ahora qué? A dónde fueron a parar el 90% de los planes que definen el verano. Las fiestas de “prao” de las que tanto presumimos en el norte. Las noches en Cañadio rodeados de más madrileños y vallisoletanos que locales. Los viajes de costa en costa por la geografía españ...

El mundo paró a coger aire

Y de repente el mundo pasó de ir como un Ferrari a doscientos por hora, a tomarse un tiempo de descanso. De la noche a la mañana nos vimos sumergidos en una burbuja con forma de pandemia mundial, que nos sonaba igual que su punto de partida, a chino. El planeta nos dio un aviso, necesitaba descansar. El consumismo estaba dejando de lado otros factores, que, si no llega a ser por este parón, no nos hubiésemos sentado a reflexionar. La forma de vivir en el siglo XXI es tan avanzada como egoísta. Ni siquiera nos habíamos parado a pensar lo vulnerable que es el ser humano y la similitud entre todos nosotros. Una simple bacteria no conoce de razas, ni de sexo, ni de religión, incluso ni de colores políticos. La sociedad tan materialista nos había hecho ser incapaces de valorar lo que nos rodea, las pequeñas cosas. El insomnio de cuarentena nos ha despertado sentimientos, recuerdos que quizás antes no nos quitaban el sueño. Un abrazo, un beso, un gesto de cariño es algo tan sencillo qu...

la mejor etapa de mi vida

Oficialmente periodista 🎓 No sé ni como empezar ni como asimilar que todo esto se ha acabado. Las circunstancias me dejaron hace cuatro años en esta ciudad, de la que había oído hablar poco y de la que tenía muy pocas expectativas. A día de hoy puedo decir que fue de las mejores decisiones que he podido tomar en mi vida. He reído, he llorado, he disfrutado y he sufrido también, pero sobre todo he crecido como persona. Gracias a todos y cada uno de los que habéis formado parte de mi vida durante esta etapa, tanto fuera como dentro de la carrera. Me habéis hecho muy feliz y ojalá poder meter en todas estas fotos a todos y cada uno de vosotros. He cumplido uno de mis sueños, ser periodista, y he encontrado una familia en este rincón de Castilla. Se acabó la mejor etapa de nuestra vida. A seguir creciendo. Gracias ❤️ Valladolid siempre serás mi segunda casa. CRECER ES APRENDER A DESPEDIRSE

Salir de lo cotidiano

A veces cuando te dicen que crecer es aprender a despedirse significa superar retos, subir peldaños, dejar atrás tu casa, tu gente, básicamente tu lugar. A veces cuando ya has ascendido varios escalones quieres más y más. La ambición se apodera de ti. Viajar es experiencia y conocer otros países te enriquece como persona. Hace dos años exactamente me subí a un avión desorientada rumbo a Polonia. Lo que en el aeropuerto parecía un error, se convirtió, de lejos, en el mejor año de mi vida. Un año después cogía un vuelo desde Mallorca hacia Madrid, y parece que este día está destinado a transcurrir de aeropuerto en aeropuerto. Dos años después, prácticamente a la misma hora, empieza una nueva aventura. Atrás dejo todo, Santander y mi hogar, Valladolid y mis cuatro años de carrera que han llegado a su fin... atrás dejo tanto, que no tengo ni idea lo que me espera a partir de ahora, solo se que va a convertirse en aprendizaje. Una hora menos, un Brexit en camino, y coches en direcci...

Łódź

ERASMUS| Ponemos en pausa el reloj. Misma hora, 365 días antes, misma situación. Frente a la puerta de embarque de un aeropuerto, pero esta vez camino a Madrid. Pero la sensación no es la misma que hace un año cuando tenía medio pie en España y el otro medio en lo que iba a ser mi casa durante 9 meses, Polonia.  A estas horas estaba un poco nerviosa, no sabía lo que me iba a encontrar, pero lo que sí sabía es que lo cogía en el momento perfecto, con más ganas que nunca. Nervios, ilusión, incertidumbre por qué me deparaba en ese país tan poco conocido.  Y parece mentira que ahora esté aquí, esperando un avión que no es ese.  Aunque ahora recordando todo, parece que fue un sueño, que la ficción supera la realidad y que todo esto no pudo suceder. Que encontré un lugar dónde supe qué era la felicidad plena. Encontré una ciudad que me recibió con los brazos abiertos y de donde no quería haberme escapado nunca. Formamos una nueva generación, una familia que perman...